01 abril 2011

Quemar las naves

Corría el año 1519. Hernán Cortés acababa de tomar contacto con el Imperio Azteca y estaba dispuesto a conquistarlo. Sin embargo, buena parte de sus hombres, quizás por miedo, quizás por lógica, prefería volver a Cuba. Cortés tomo una decisión drástica: destrozó las naves. Ya sólo quedaba una salida, no había nada que valorar o debatir. O bien triunfaban, o bien morían fracasando totalmente. Dicho suceso ha pasado a nuestro lenguaje, y todos tenemos claro lo que significa "quemar las naves".

Mucho de ello hay en el video al pie de este post que muestra una escena de Gattaca, una película que les recomiendo y que está influenciada descaradamente por "Un Mundo Feliz" de Aldous Huxley. Un claro ejemplo de como la determinación y la fuerza de voluntad son determinantes a la hora de conseguir un fin, cualquier fin. Y ahora estoy hablando en clave de empresa.

Es difícil que el emprendedor no se proyecte en Vincent, el hermano débil. Al igual que él, todos sentimos en algún momento que no estamos predestinados para el triunfo. Todos conocemos nuestros puntos débiles, que se acrecientan en nuestra mente. Sabemos que hay quien cuenta con más dinero, con más experiencia, con más contactos. Hay otros, distintos a nosotros, genéticamente preparados para el éxito. Y sin embargo, en esa debilidad radica la principal fortaleza de muchos.

Y es que no se pueden permitir fallar, y máxime en una sociedad como la nuestra, que a diferencia de la norteamericana, no perdona el fracaso empresarial. Aquí, si alguien pierde su empleo es mirado con compasión. No encuentro nada semejante en los ojos de la sociedad cuando un empresario fracasa. Si además se trata de alguien sin red de seguridad, que se lo juega todo, su motivación puede hacer que supere de lejos a los elegidos para el éxito empresarial. Y es que la ausencia de reservas, la entrega total, si que marcan diferencias. La combinación de hambre de éxito y de ausencia de opciones genera gigantes.

Aún resuenan las palabras de Vincent en mi cabeza….
¿Quieres saber cómo lo conseguí? Jamás me reserve nada para la vuelta.

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